Son muchas las cruces de los niños y niñas que llegan hasta nuestro hogar, cruces muy pesadas, cruces que marcarán sus vidas, que les harán sentir la pasión e incluso la muerte o las ganas de morir, que dejarán cicatrices en sus almas, que les robarán su infancia o mutilarán su inocencia.
La cruz del maltrato, de las palizas que sin piedad marcan cada rincón de su cuerpo, del abandono, de la calle, de la supervivencia en medio de pandillas, drogadictos,… siendo siempre el más pequeño, el más indefenso.
También la cruz de la violencia sexual que desgarró su vida, que viene de quién debía protegerle, reincidente, una y otra vez, del miedo a quedarse solo/a en casa con esa persona, el miedo a contar sus dolores, el miedo que le sujeta con la invisible atadura de la amenaza…
La cruz de las redes de prostitución que secuestran niñas de once o doce añitos y les obligan con palizas a entregarse una y otra vez a hombres de toda clase y edad, que destruye totalmente el sentido de sus vidas, que les mutila el alma.
La cruz del hambre, de la desnutrición, de la enfermedad, del desinterés, de la droga o el alcohol, cruces con las que tienen que cargar desde que nacen, que les hacen caer una y otra vez en su calvario personal.
Del “quemeimportismo”, del rechazo de sus progenitores, del no tener quien quiera saber de ellos, del no tener un hogar donde sentirte en casa, del abandono de la madre que se fue con otro señor y dejó a los cinco hermanitos abandonados, de no entender qué pasa y no encontrar unos brazos, una caricia, un “te quiero”, un “mi hijo/a”…
Cruces y cruces que nos toca, como Cirineos, ayudar a cargar una y otra vez; cruces, que también nos pesan y nos duelen, que en ocasiones no entendemos, pero que entre todos intentamos quitar de los hombros de cada niño y niña que llega a nuestro hogar.
Pero no queremos ser sólo Cirineos, queremos de la mano del Padre ser Vida y Resurrección para cada niño y niña que toca nuestra puerta.
Y es Jesús de Nazaret quién resucita cuando Francisco se siente querido y cuenta y comparte lo que sufrió y al fin es capaz desde sus cinco años de reírse de lo vivido. Y sigue resucitando cuando Vanesa quiere construir un proyecto de vida a sus once años después de estar un año en una red de proxenetas, cuando se deja abrazar y se siente segura y con ganas de reír. Cuando por fin las pesadillas van desapareciendo de sus noches, que hasta ahora eran largas e interminables.
Triunfa el amor sobre la muerte cuando July y sus seis meses de vida sonríen después de que sietemesina fue botada a un basurero envuelta en su placenta. Y sigue resucitando cuando Carlos y Rosy, después de estar a sus doce años en pandillas y fumando drogas, al fin sienten que pertenecen a un lugar, que quieren aprender a leer y escribir y se sienten queridos, protagonistas, importantes, sólo por ser ellos.
Las vidas resucitadas de esas mujeres que junto con sus hijos, cuando sus maridos cayeron presos quedaron en la más absoluta indefensión, ahora se sienten acompañadas, apoyadas, escuchadas, comprendidas, nunca juzgadas, queriendo construir un futuro en el que poder integrar a sus compañeros.
Es el amor que triunfa una y otra vez sobre la muerte, sobre la cruz, esa es nuestra tarea y no otra, que el amor vuelva a dar vida a cada uno de nuestros niños y niñas. Y resucita en los mil detalles de nuestros educadores, cuando se entregan sin mirar día ni hora, cuando no les importa que haya o no haya dinero para realizar su trabajo, pues “al César lo que es del César”.
Hoy por hoy es el sentido de nuestra misión, es a lo que nos sentimos llamados como familia, como misioneros. Sabemos que hay muchas personas que desean que cambiemos este rumbo ya sea porque nos quieren cerca o porque quieren confiarnos otra misión. Pero será nuestro Padre bueno quién decida ese camino.
Mientras rezaremos e intentaremos aprender de las manos del alfarero para que nuestra misión sea también esperanza, resurrección y vida.
Con cariño
Ana y Antonio
martes 14 de abril de 2009
martes 16 de diciembre de 2008
NAVIDAD Y SENCILLEZ
Está claro que sólo siendo como niños podremos acercarnos a la felicidad, pues hasta para las disputas o enfados, sus tiempos de resentimiento son mínimos. Mientras, otros pasamos dándole vueltas a la cabeza y tristes, sintiendo el dolor y el vacío de la falta de amor, de la traición, de la desconfianza,… y sin saber hacia donde caminar después de un fuerte tropiezo.
Tenemos que recuperar la sencillez que ellos trasmiten, su frescura, su alegría, su capacidad de asombro, de sanar las heridas. Es desde ellos que comenzamos a vivir signos de amor, que nos hacen entender, que el abuso de unos pocos, nunca será más poderoso que el amor de los más pequeños.
Estos días se graduaba como economista Alba, hermana nuestra, amiga, hija, entrega, corazón puro. Carácter y fuerza para servir a quién Dios le indique, niña más que nadie pero con responsabilidad de adulto. Y a acompañarla nos fuimos, la furgoneta llena, con risas y cantos por el camino, queriendo compartir con su “amisga” este importante momento. Pero no llevábamos invitaciones y nuestro atuendo no estaba a la altura de las circunstancias. No nos dejaron entrar y nos mandaron de regreso; pero ese camino se volvió fiesta. Pasamos por delante de una panadería y ante la admiración y expresiones de los niños, una señora, que los vio, les invitó a comer pan a todos. Decidimos pasear, sus ojos se abrían y brillaban, viendo las decoraciones de Navidad, los colores, el parpadear de las luces, los muñecos en los tejados,… ¡Qué felicidad en sus vidas! ¡Todo era ilusionante!
Al día siguiente dos adolescentes loquitas tocaron las campanas de nuestras almas, entonaron un rap compuesto por ellas, un poco forzado, pero con juventud y cariño desbordado al querer expresar mil vivencias en pocas líneas. Lleno de alegría y de espontaneidad, de signos de amor que son percibidos por sus corazones adolescentes. Valorando los pequeños detalles que compartimos y el cariño que reciben, mucho más fuertes que el dolor que un día desgarró sus vidas y las hicieron aterrizar, con miedo y desconfianza, en nuestro Hogar. ¡Gracias hijas!
Se terminó el jarabe de los gemelos y es domingo en la tarde, así que improvisamos un paseo a Calderón, para buscar el remedio. Todos arregladitos, como una gran familia, grandes y pequeños caminamos de botica en botica. Risas, bromas, juegos, todo es para ellos una gran aventura: un perro que nos ladra, un señor que pregunta, un tropezón al cruzar la calle,… al fin encontramos la preciada medicina y mientras nos atienden, las personas que hacen cola indagan sobre los niños: ¿de donde?... ¿por qué…? ¿los padres…? Cada uno de nuestros niños expresa su sentir sobre su situación, sobre su vida; pero en todos sorprende la expresión de sus rostros mientras contestan: una gran sonrisa. Al final, ya de partida, preguntamos a la señora por el costo del medicamento y muy amablemente nos indica que nos regala la medicina y nos invita a regresar si necesitamos más.
Felices y sonrientes salimos y decidimos hacer fructífero el ahorro: ¡comeremos una hamburguesa de 0,70$! la platita nos viene justa y aunque no da para acompañarla con un refresco, todos estamos de acuerdo, así se hará. ¡Qué miradas! ¡Qué gestos en sus rostros! Son once hamburguesas que comienzan a desfilar. Surge una pregunta: ¿podemos pedir mahonesa? La señora saca un botecito, que comienza a bailar de mesa en mesa. Al final mil carcajadas, las caritas sucias de salsa, bromas y los abrazos que surgen espontáneamente expresando felicidad. La señora mira y remira admirada a esa gran familia, y finalmente acaba regalando caramelos a todos los niños, el bote de mahonesa vacío, y durante el camino de regreso la sensación de haber compartido la mejor cena del mundo. Y cómo no, la pregunta clave: “¿cuándo regresamos?".
Y es aquí, en cada uno de ellos y de ellas, que tienen sentido nuestras vidas, nuestro servicio, nuestro desgaste y lucha diaria. Gracias por cada uno de ellos, por poder servirles, por poder quererlos, gracias por todos los que nos ayudan en esta linda tarea, los verdaderos educadores, los amigos del Hogar, por quienes creen en nuestros niños, por quienes comparten la entrega,… y en estas fechas te pedimos también, por quiénes se aprovechan de ellos, quienes los utilizan, los maltratan o los explotan, para que esta Navidad abran los ojos del corazón y vean en ellos y en ellas al NIÑO DIOS.
Tenemos que recuperar la sencillez que ellos trasmiten, su frescura, su alegría, su capacidad de asombro, de sanar las heridas. Es desde ellos que comenzamos a vivir signos de amor, que nos hacen entender, que el abuso de unos pocos, nunca será más poderoso que el amor de los más pequeños.
Estos días se graduaba como economista Alba, hermana nuestra, amiga, hija, entrega, corazón puro. Carácter y fuerza para servir a quién Dios le indique, niña más que nadie pero con responsabilidad de adulto. Y a acompañarla nos fuimos, la furgoneta llena, con risas y cantos por el camino, queriendo compartir con su “amisga” este importante momento. Pero no llevábamos invitaciones y nuestro atuendo no estaba a la altura de las circunstancias. No nos dejaron entrar y nos mandaron de regreso; pero ese camino se volvió fiesta. Pasamos por delante de una panadería y ante la admiración y expresiones de los niños, una señora, que los vio, les invitó a comer pan a todos. Decidimos pasear, sus ojos se abrían y brillaban, viendo las decoraciones de Navidad, los colores, el parpadear de las luces, los muñecos en los tejados,… ¡Qué felicidad en sus vidas! ¡Todo era ilusionante!
Al día siguiente dos adolescentes loquitas tocaron las campanas de nuestras almas, entonaron un rap compuesto por ellas, un poco forzado, pero con juventud y cariño desbordado al querer expresar mil vivencias en pocas líneas. Lleno de alegría y de espontaneidad, de signos de amor que son percibidos por sus corazones adolescentes. Valorando los pequeños detalles que compartimos y el cariño que reciben, mucho más fuertes que el dolor que un día desgarró sus vidas y las hicieron aterrizar, con miedo y desconfianza, en nuestro Hogar. ¡Gracias hijas!
Se terminó el jarabe de los gemelos y es domingo en la tarde, así que improvisamos un paseo a Calderón, para buscar el remedio. Todos arregladitos, como una gran familia, grandes y pequeños caminamos de botica en botica. Risas, bromas, juegos, todo es para ellos una gran aventura: un perro que nos ladra, un señor que pregunta, un tropezón al cruzar la calle,… al fin encontramos la preciada medicina y mientras nos atienden, las personas que hacen cola indagan sobre los niños: ¿de donde?... ¿por qué…? ¿los padres…? Cada uno de nuestros niños expresa su sentir sobre su situación, sobre su vida; pero en todos sorprende la expresión de sus rostros mientras contestan: una gran sonrisa. Al final, ya de partida, preguntamos a la señora por el costo del medicamento y muy amablemente nos indica que nos regala la medicina y nos invita a regresar si necesitamos más.
Felices y sonrientes salimos y decidimos hacer fructífero el ahorro: ¡comeremos una hamburguesa de 0,70$! la platita nos viene justa y aunque no da para acompañarla con un refresco, todos estamos de acuerdo, así se hará. ¡Qué miradas! ¡Qué gestos en sus rostros! Son once hamburguesas que comienzan a desfilar. Surge una pregunta: ¿podemos pedir mahonesa? La señora saca un botecito, que comienza a bailar de mesa en mesa. Al final mil carcajadas, las caritas sucias de salsa, bromas y los abrazos que surgen espontáneamente expresando felicidad. La señora mira y remira admirada a esa gran familia, y finalmente acaba regalando caramelos a todos los niños, el bote de mahonesa vacío, y durante el camino de regreso la sensación de haber compartido la mejor cena del mundo. Y cómo no, la pregunta clave: “¿cuándo regresamos?".
Y es aquí, en cada uno de ellos y de ellas, que tienen sentido nuestras vidas, nuestro servicio, nuestro desgaste y lucha diaria. Gracias por cada uno de ellos, por poder servirles, por poder quererlos, gracias por todos los que nos ayudan en esta linda tarea, los verdaderos educadores, los amigos del Hogar, por quienes creen en nuestros niños, por quienes comparten la entrega,… y en estas fechas te pedimos también, por quiénes se aprovechan de ellos, quienes los utilizan, los maltratan o los explotan, para que esta Navidad abran los ojos del corazón y vean en ellos y en ellas al NIÑO DIOS.
lunes 23 de junio de 2008
¿CAMINO,… VERDAD Y VIDA?
Dice el poeta: “Se hace camino al andar, al andar se hace camino y al volver la vista atrás… “. Caminos hay muchos. Y si ese camino se hace marcando un paso distinto al de nuestra sociedad, ignorando el afán por el dinero y cambiando el “bienestar” del tener, por la satisfacción de servir, de acompañar, de amar a tantas personas que quedaron al margen de nuestro mundo globalizado, por lo injusto de los sistemas económicos; ese camino merece la pena recorrerlo, pues es Testigo y Denuncia a la vez, ya que sirve al que lo transita, al necesitado y cuestiona a la gran mayoría que vive de espaldas al camino.
Como Pastoral Carcelaria de la Iglesia de Manabí hemos dado otro paso en el camino, abriendo una asesoría jurídica, que servirá a los encarcelados sin dinero, a las familias pobres, que se ven avasalladas y no tienen como defenderse, (pues acá la justicia en demasiadas ocasiones baila al ritmo del dólar), a los niños abandonados que llegan a nuestra Casa - Hogar y que necesitan de un proceso judicial para retornar a su familia, a los campesinos que sufren con miedo el desalojo de sus parcelas, …
Algunos ya nos cuestionan: “¿Qué pinta la iglesia en los juzgados?” “En todo se quieren meter”, “que se dediquen a dar misas”… Y yo me pregunto ¿La Verdad y la Justicia no van de la mano? ¿Por qué se preocupan tanto de que los pobres tengan acceso a la justicia?, ¿no debería ser de todos y para todos? Hay otros que en una semana ya se alegran, porque los abogados que pedían “ayuditas” a los familiares de las personas privadas de libertad, por gestionar sus papeles para la salida de su hijo, hermano o esposo, les devuelven la plata y piden que no nos digan nada a los de la pastoral carcelaria. Otros amigos privados de libertad que no habían salido de la prisión, a pesar de haber cumplido su sentencia, por no tener recursos para “mover sus papeles”, ahora celebran su libertad.
En pocos días los casos han desbordado las previsiones más optimistas y la esperanza de muchas familias, pasa ahora por las manos de una pastoral, con la que muy pocos quieren colaborar. Como si Cristo nunca hubiese estado preso o condenado injustamente.
Realmente creemos que en estos momentos de la historia de la humanidad, nuestra Iglesia necesita más testimonios y testigos (por sus obras los conoceréis dijo Jesús, no por su capacidad de oratoria). Creemos que hay que ser CAMINO, andar paso a paso junto al rebaño, enlodarse y empolvarse, salir de la pastoral del despacho para poder caminar y servir; creemos que lavar los pies al prójimo no se puede reducir a una escenificación en Semana Santa y queremos amar a Dios encarnado en cada familia, especialmente (como en Belén), en las más pobres y abandonadas. Queremos dar VIDA a las palabras de Jesús, porque nuestros pobres están sobrecargados de palabrería bonita y necesitan vivencias, necesitan ver misioneros lavando a los enfermos y ancianos de sus recintos, compartiendo un arroz con huevo, visitando las escuelas para conversar con sus hijos, “perdiendo” tiempo en estar y conocer sus vidas y sufrimientos, planificando juntos las mejoras de la comunidad,… viviendo y Evangelizando a su lado.
No queremos ofender a nadie, pero además de respetar a cada persona, sus creencias y estilos de vida, creemos que debemos anunciar sin descanso el CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, que nos arrancó de nuestras raíces para comprometernos en servir y vivir, sin desmayo, desde la Fe y el Amor.
Ojalá estos pasos en el camino, proféticos para quién nada puede, no sean para los que podemos unos pasos más, sino que ayuden a reabrir los ojos a muchas personas sensibles al dolor del prójimo; personas que teniendo claro por dónde caminar y habiendo escogido un día este camino, este rato se sentaron a descansar, acomodados y algo distantes, con la esperanza de que sean otros, los que sigan haciendo camino al andar.
CON CARIÑO
ANA Y ANTONIO
Como Pastoral Carcelaria de la Iglesia de Manabí hemos dado otro paso en el camino, abriendo una asesoría jurídica, que servirá a los encarcelados sin dinero, a las familias pobres, que se ven avasalladas y no tienen como defenderse, (pues acá la justicia en demasiadas ocasiones baila al ritmo del dólar), a los niños abandonados que llegan a nuestra Casa - Hogar y que necesitan de un proceso judicial para retornar a su familia, a los campesinos que sufren con miedo el desalojo de sus parcelas, …
Algunos ya nos cuestionan: “¿Qué pinta la iglesia en los juzgados?” “En todo se quieren meter”, “que se dediquen a dar misas”… Y yo me pregunto ¿La Verdad y la Justicia no van de la mano? ¿Por qué se preocupan tanto de que los pobres tengan acceso a la justicia?, ¿no debería ser de todos y para todos? Hay otros que en una semana ya se alegran, porque los abogados que pedían “ayuditas” a los familiares de las personas privadas de libertad, por gestionar sus papeles para la salida de su hijo, hermano o esposo, les devuelven la plata y piden que no nos digan nada a los de la pastoral carcelaria. Otros amigos privados de libertad que no habían salido de la prisión, a pesar de haber cumplido su sentencia, por no tener recursos para “mover sus papeles”, ahora celebran su libertad.
En pocos días los casos han desbordado las previsiones más optimistas y la esperanza de muchas familias, pasa ahora por las manos de una pastoral, con la que muy pocos quieren colaborar. Como si Cristo nunca hubiese estado preso o condenado injustamente.
Realmente creemos que en estos momentos de la historia de la humanidad, nuestra Iglesia necesita más testimonios y testigos (por sus obras los conoceréis dijo Jesús, no por su capacidad de oratoria). Creemos que hay que ser CAMINO, andar paso a paso junto al rebaño, enlodarse y empolvarse, salir de la pastoral del despacho para poder caminar y servir; creemos que lavar los pies al prójimo no se puede reducir a una escenificación en Semana Santa y queremos amar a Dios encarnado en cada familia, especialmente (como en Belén), en las más pobres y abandonadas. Queremos dar VIDA a las palabras de Jesús, porque nuestros pobres están sobrecargados de palabrería bonita y necesitan vivencias, necesitan ver misioneros lavando a los enfermos y ancianos de sus recintos, compartiendo un arroz con huevo, visitando las escuelas para conversar con sus hijos, “perdiendo” tiempo en estar y conocer sus vidas y sufrimientos, planificando juntos las mejoras de la comunidad,… viviendo y Evangelizando a su lado.
No queremos ofender a nadie, pero además de respetar a cada persona, sus creencias y estilos de vida, creemos que debemos anunciar sin descanso el CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, que nos arrancó de nuestras raíces para comprometernos en servir y vivir, sin desmayo, desde la Fe y el Amor.
Ojalá estos pasos en el camino, proféticos para quién nada puede, no sean para los que podemos unos pasos más, sino que ayuden a reabrir los ojos a muchas personas sensibles al dolor del prójimo; personas que teniendo claro por dónde caminar y habiendo escogido un día este camino, este rato se sentaron a descansar, acomodados y algo distantes, con la esperanza de que sean otros, los que sigan haciendo camino al andar.
CON CARIÑO
ANA Y ANTONIO
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